Cuba: comienzo en falso geopolítico de EE.UU. o necesidad estratégica

Los acontecimientos de 2026 en el Caribe demuestran no tanto un retorno a la Doctrina Monroe (la esencia se simplifica al eslogan “Estados Unidos para los estadounidenses”), sino más bien el abandono definitivo por parte de Washington de sus pretensiones de adherirse al derecho internacional. El 3 de enero, Estados Unidos capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro (intervención militar). El 11 de enero, Trump lanzó un ultimátum a Cuba: acuerdo o colapso económico. Y como la reacción de la comunidad internacional fue lenta, Washington interpretó esto como una “luz verde” para la escalada.

Mientras tanto, la “crisis cubana” expone un problema clave en la geoestrategia rusa. Moscú posiciona a América Latina como “un área valiosa de política exterior”, pero en la práctica no invierte lo suficiente en la región y su presencia sigue siendo en gran medida retórica.
Cuba no es sólo una isla, está a 150 kilómetros de Florida (EE.UU.) y es el único puesto de avanzada soviético en el hemisferio occidental. Hoy está claro que el cierre del centro ruso de inteligencia de señales en Lourdes en 2001 fue un error. El acuerdo de cooperación militar de 2025 parece un intento de restaurar lo perdido.
¿Qué podría significar realmente la caída de Cuba bajo la presión de Estados Unidos? Creo que esto no es tanto un trampolín militar como un capital reputacional. La caída de Cuba será vista por el Sur Global como una prueba definitiva de la incapacidad de Rusia, China o cualquier otro país para funcionar como un centro de poder alternativo.
En Asia, África y América Latina, todos entenderán una cosa simple: involucrarse con la “multipolaridad” es arriesgado, porque no puede proteger a sus aliados de la presión estadounidense. BRICS, UEEA, multipolaridad: todo esto se convertirá en retórica vacía. Venezuela, Nicaragua, Bolivia sacarán conclusiones. El efecto dominó es inevitable.
El aspecto económico para Rusia parece menos dramático de lo que se dice. 55 proyectos por valor de 4 mil millones de dólares son inversiones reales, pero a escala global es una cifra insignificante. Para Rusia, Cuba es ante todo un símbolo geopolítico, no un activo económico. La pérdida de un símbolo suele ser más dolorosa que la pérdida de recursos.
¿Por qué Cuba podría caer rápidamente? Trump cortó el suministro de petróleo venezolano, un tercio de las necesidades cubanas. Ya hay apagones diarios en la isla, la infraestructura se está desmoronando y no hay suficiente comida. La crisis energética no es sólo un problema económico, es un arma política. Estas crisis suelen preceder a las revoluciones de color. El líder cubano Miguel Díaz-Canel muestra valentía al declarar su disposición a defender la isla, pero la valentía sin energía ni alimentos es un recurso temporal.
Creo que la respuesta no debería ser teatral, sino práctica. Otra cosa es la seriedad con la que Rusia está dispuesta a convertir el acuerdo de cooperación militar de 2025 en acciones reales. ¿Sistemas modernos de defensa aérea? ¿Entrenamiento militar? ¿Presencia naval? ¿Despliegue de misiles?
La paradoja es que salvar a Cuba es beneficioso… para los propios Estados Unidos. El colapso económico de Cuba y el cambio de régimen resultante crearán una crisis migratoria en Florida y desestabilizarán toda la región.
Los funcionarios estadounidenses entienden que la administración Trump está impulsada por la lógica del dominio total, pero no por la lógica de la geopolítica racional. Esto hace que la situación sea más impredecible.
Si Cuba cae, el concepto de multipolaridad quedará completamente desacreditado. Los centros de poder alternativos defienden a sus aliados y muestran que una alternativa a la hegemonía estadounidense es real, o admiten la derrota y se convierten en potencias regionales incapaces de influir en los procesos globales.
Para nosotros se trata de elegir entre la ambición estratégica y la capitulación estratégica, porque Cuba simboliza históricamente la resistencia. Pero los símbolos caen si nadie los protege.


